Radicante: el arte contemporáneo en la era de la globalización

Bourriaud, Nicolás. Radicante, Buenos Aires, Editorial Adriana Hidalgo, 2009.

La palabra globalización ya no intriga a casi a nadie, de hecho a veces suena hasta redundante y un lugar común. Todo lo que hacemos y lo que somos esta controlado por las leyes del capitalismo y su  última actualización globalizada. Entonces ¿Hay algo nuevo para decir en relación a estos conceptos, que además constituyen formas de vivir en el mundo? Para Nicolas Bourriad (Francia, 1965), si se lo aborda desde la perspectiva del arte contemporáneo, se encontrará un espacio poco investigado y que merece profundización.

El panorama actual del arte llevó a este autor a preguntarse qué mueve a los artistas contemporáneos, ya sean europeos, sudamericanos o africanos, a desarrollar determinada obra. A través de sus múltiples roles de crítico, curador (Palais de Tokio y Museo Tate Britain) y ahora director de la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París, Bourriaud supo conectarse con el mundo de los artistas. Sus publicaciones previas, Post Producción (2004) y Estetica Relacional (2006), tuvieron considerable éxito y se constituyeron como nuevos relatos para entender las obras de este tiempo. Su último ensayo, Radicante (2009), pone sobre la mesa de este gran mapa expandido del siglo XXI, al que denomina altermodernidad, diversos conceptos como éxota, radicante, y creolización con el objeto de entender el arte de este tiempo, que por su infinita diversidad reclama un encauce teórico.

La palabra clave no es globalización, sino raíz, la cualretorna con fuerza luego del rechazo del posmodernismo, aunque su naturaleza arraigada a la tierra se ha modificado. La estética del nuevo siglo es la estética radicante. Se diferencia del concepto de rizoma desarrollado por Deleuze y Guatarri, en el cual el sujeto es borrado por una multiplicidad de ramas de pensamiento sin jerarquías ni trayectos. En esta nueva era los artistas no olvidan sus raíces, pero lo que más importa es hacia adonde van. Los fenómenos culturales se encadenan en una red de semiosis a medida que circulan  por las grandes ciudades. No por nada utiliza el termino semionauta, sujeto-artista que va construyendo su corpus de obra en constante movimiento y cambio, sin estancar en ningún lado, sino conectando y negociando con el entorno globalizado y con lo singular identitario. Estas construcciones son, al igual que en los tiempos de Baudelaire, instantes fugaces del recorrido. Ya no es el flaneur, sino el errante que vagabundea, detiene el tiempo en los intersticios de la aglomeración y  planta sus obras en los lugares más dispares que componen a la ciudad globalizada.

La posmodernidad fue un intento fallido por descolonizar la cultura, eliminar la linealidad de los acontecimientos e integrar al otro desde el reconocimiento. Muy por el contrario, Bourriaud afirma que las formas de dominación de la cultura occidental se han ido perpetuando hasta nuestros días. Reconocer al otro y etiquetarlo con el nombre de “lo otro”, no es mas que otra forma de dominación ya que se constituye como el único vocero de una historia que en realidad está compuesta de miles de voces. En un llamado a combatir estas formas dominantes, Bourriaud afirma: “Los artistas, bajo cualquier latitud, tienen hoy como tarea imaginar lo que podría ser la primera cultura verdaderamente mundial”.

Los monumentos precarios de cartón y cinta scoth de Thomas Hirshhorn, las imágenes escultóricas de bolsas de plástico de Gabriel Orozco, las fotografías de  la pausa del almuerzo laboral de John Millar y los registros en video de las caminatas sin rumbo de Francis Alys son manifestaciones de un mismo universo. Bourriaud asegura que través de las particularidades y de las diferencias enriquecedoras de las expresiones estéticas en el mundo entero se están eliminando las leyes de estandarización de la cultura global unificada. Sin borrar el origen, pero teniendo la vista puesta en el destino incierto, los artistas de la altermodernidad dejan huellas en el viaje. Una mirada quizás demasiado altruista para el futuro del arte.

Texto publicado en ARTECRÍTICAS

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