Detrás de cada azulejo

Parase frente a una obra implica a veces el deseo de querer meterse en ella. Pero no en el sentido psicológico de interpretar al artista y develar su intención más profunda escondida en las oscuras zonas de su psiquis y su trabajo. Tampoco tiene relación con la interpretación del espectador o con las infinitas sensaciones que puedan despertar en él la obra en cuestión. Se trata simplemente de querer meterse, literalmente, en la obra. Parase frente a ¨El seductor¨  de Adriana Varejao es uno de esos singulares casos.

El espacio se muestra extenso, limpio, puro, azul y celeste, más iluminado en algunos rincones y levemente más sombrío en otros. Los azulejos construyen una atmósfera luminosa y armoniosa que el vacío y el silencio terminan de consolidar. Se trata de un sauna, antiguo quizás, pero no por eso abandonado. Por el contrario, se siente todavía una estela de energía vital de aquellas personas que alguna vez pasaron por allí para relajarse y purificar sus cuerpos. La humedad aún se percibe en esos azulejos.

La conexión entre la vista y el espacio se produce casi al instante. Lo que se ve, sin embargo, no es más que una parte del todo. No tan lejos, en los rincones así como en el centro, se suceden diversas aberturas que invitan, aparentemente, a espacios similares. Siempre prevalecerá la inquietud sobre lo que se esconde detrás de las aberturas y paredes, sobre las zonas oscuras de los espacios contiguos que se extienden mas allá de lo que nuestra vista puede captar. El deseo de entrar, entonces, se hace más intenso. Se trata de descubrir con la imaginación aquello que los sentidos no llegan a develar. El límite es el propio cuerpo; en cambio, la mente y el espíritu pueden desplegar sus alas y sobrevolar el espacio, o en vuelo raso, entrometerse por cada recoveco.

Las ¨Historias de los márgenes¨, como dice el título de la muestra que la artista presenta en el Malba, son las que se suceden fuera del espacio visible, las que quedaron relegadas, abandonadas, casi borradas de la historia. Son relatos pequeños que construyen verdaderas identidades,  muchas veces a través de objetos y espacios tradicionales y telúricos. Esta idea tan abarcativa y a la vez pretensiosa, está presente en cada obra que la artista, junto con el curador Adriano Pedrosa, eligieron para la retrospectiva.

¨El seductor¨ seduce, invita con toda su extensión, luz y color, con su vacío lleno de vida, a zambullirse en otro mundo, a bucear en él. Aquel que esté dispuesto a traspasar los límites de la tediosa realidad despertará, como en un renacer, en un lugar nuevo y a la vez antiguo, lleno de misterios. Se trata de aventurarse en la tarea de agudizar la vista y de ver lo invisible, de descubrir y a la vez crear las miles de historias escondidas detrás de cada azulejo.

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