La reinterpretación del texto y del color

Las salas del Centro de arte Contemporáneo de MUNTREF dan un aspecto de frías y esterilizadas, como de hospital público. Pero la historia dice lo contrario. Miles de personas dejaron allí su huella imborrable. Cada eco que resuena desde la cerámica es el retorno de un fragmento de historia que se remonta a más de cien años y que replica, en una construcción imaginaria, los murmullos de quienes pasaron por el famoso Hotel de Inmigrantes.  Las instalaciones  de Eduardo Stupía y Marina de Caro,   recientemente inauguradas en ese espacio, no escapan a este contexto, sino que lo sugieren y  lo esbozan, a su manera, para construir nuevos sentidos en torno a problemáticas del presente: las migraciones, la apropiación del espacio y la subjetividad.

Marina De Caro_ Negro que mueve el universo-202
Marina De Caro

Negro que mueve el universo es la primera instalación surgida de una propuesta específica de Diana Weschler y Aníbal Jozami  que consiste en realizar proyectos en una sala dispuesta exclusivamente para este propósito. Marina De Caro  pintó los pisos de la sala de varios colores como grandes manchones extendidos más allá del recuadro de cada baldosa.  En ambos extremos cruzados del espacio, unos pequeños bancos acolchonados y tejidos invitan a la lectura de un  libro hecho a mano: “C(r)osmos”. Así, la obra resulta una idea fragmentada en dos situaciones: el transitar el espacio y observar la transformación que los pigmentos producen en un lugar originalmente gris y uniforme, y la lectura del libro. Cada espectador es invitado a observar, pensar y sentir el espectro cromático en otros términos, de manera creativa, desprejuiciada y con una nueva conciencia.

Marina De Caro_ Negro que mueve el universo166.jpgMarina De Caro

El título y la idea de C(r)osmos provienen de Cromoactivismo, agrupación artística que en sus lineamientos  propone liberar al color de las ataduras de lo pre establecido para que se manifieste en su más libre expresión de subjetividad. Así, rosa lengua ferozazul ultralovetierra que grita porvenirson nuevas  creaciones que invitan a imaginar que todos los colores que existen pueden ser nombrados y percibidos de otra forma e incluso significar algo completamente distinto.

Marina De Caro intenta, a través del trabajo artesanal, diferenciar el color surgido de las propias sensaciones de aquel que es producto de la industria. “Pantone no, cromoactivismo sí”,  es una de las consignas que funda al movimiento Cromoactivismo y que atraviesa, de manera implícita, toda la muestra.  Al abrir el libro al azar, una página muestra el nuevo tinte y su definición, y la otra despliega un texto breve de la época con una  fuerte impronta anarquista. En consonancia con el histórico edificio que cobija la muestra, estas nuevas formas de percepción y re significación del color intentan establecer  un nexo con el pasado y con los relatos de  aquellos que pisaron suelo argentino en busca de horizontes expandidos. Estas expansiones se asemejan de algún modo a los manchones de color desparramados y mezclados en las frías baldosas.

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Eduardo Stupía

Eduardo Stupía exhibe “Ulises inmigrante. Una fantasía gráfica”. Esta instalación, recreación de “La Odisea”, fue también realizada en conjunto con el CAC y en colaboración con Julián D´Angiolillo (diseño visual y edición), Daniel Samoilovich (adaptación y lírica) y Pablo Ortiz (música original). La obra se desarrolla en 4 salas; en la principal se despliegan seis pantallas que narran el interminable retorno de Ulises a su Ítaca natal luego de la guerra de Troya a partir de material de video, dibujos, narración en off, sonido y música;  en las otras se exhibe una gran cantidad de objetos: en sus paredes un conjunto de imágenes, que podrían funcionar tranquilamente como fotogramas de la proyección audiovisual y en el centro vitrinas con enciclopedias y libros sobre el texto literario en cuestión.

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Eduardo Stupía

El artista recorta, mezcla y vuelve a pegar. Este gesto  despoja al relato de sus condiciones originales, de su aura. En el nuevo Ulises  todo está desplegado para ser reconstruido. Hay, en primer lugar, un texto original adaptado y transformado por nuevas palabras, música y sonidos, dibujos y retratos. Hay iconografía clásica atravesada por las huellas de lo contemporáneo a partir del collage y la superposición de material. Cada elemento de la instalación está dispuesto allí, no de manera lineal y ordenada, sino para ser conectado por una mente ágil y sagaz. Las lupas dispuestas sobre los minúsculos dibujos de enciclopedia en las vitrinas están para eso, para seguir ampliando y desmenuzando esta inmensa, infinita y eterna historia.

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Eduardo Stupía

A medio camino entre la alusión y la representación  el espectador debe zambullirse  y bucear para encontrar nuevos sentidos y dar lugar a una narración propia, contemporánea. Al igual que en la instalación de De Caro, aquí también hay un diálogo implícito con el Hotel de Inmigrantes, que exige repensar el  mítico viaje en estos tiempos, en los que el exilio constituye una de las más urgentes problemáticas.

En ambas propuestas se pueden observar  gestos que son propios de cada artista, que pertenecen al universo creativo de cada uno, pero que puestos en un espacio con historia y peso propios terminan re significándose. En el caso de Stupía,  sus ideas previas sobre los límites borrosos entre la abstracción y la figuración en el dibujo aquí se traducen en el cruzamiento de elementos tan disonantes como complementarios que hacen de la instalación un constante ir y venir entre el relato clásico y el gesto conceptual y que invitan al espectador a  completar su propio viaje.  En el caso de De Caro, su pensamiento sobre la percepción corporal del espacio se pone aquí de manifiesto a partir de la re apropiación del color y  de los espacios públicos, históricos y colectivos. Sobrecargado  o despojado, sensitivo o analítico, el trabajo de ambos cobra un sentido específico al enmarcarse en un edificio que alguna vez fue el primer hogar de miles de personas. Este contexto posibilita que sus obras se piensen de una manera determinada, que cambiaría rotundamente si el espacio fuese otro.

El texto y el color son los puntos de partida; a partir de ahí, los artistas desmenuzan, disgregan, añaden y reubican sin dejar nada concluido o cerrado. Al final, los espectadores, con la perspicacia adecuada, reconstruirán con esas piezas su propio relato.

Nota publicada en JAQUE AL ARTE

 

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