Cuerpos pájaros

NOTA PUBLICADA EN OTRA PARTE

Poco después de abandonar Buenos Aires para radicarse en Róterdam, Mercedes Azpilicueta le escribió una carta a su hermana. Allí le contó sobre los nuevos hábitos, banalidades cotidianas y curiosos sonidos que llamaban su atención, salidos de una ciudad extraña y llamativa. También habló un poco sobre el pasado que siempre tira, sobre la nostalgia de los recuerdos compartidos. Pero, en esencia, la carta giró en torno del afecto y efecto de la palabra. “Dear Sister” es la evolución de ese texto en obra, una pantalla violeta que exhibe, en forma de subtitulado, su traducción a un inglés con errores típicos de quien adopta una nueva lengua. Además de ser parte de Cuerpos pájaros, es la obra que dio origen a todo lo que vino después, un universo creativo donde la palabra funciona como una caja de resonancia que amplifica, potencia y deforma el sentido de lo dicho y de lo oído.

En algún momento de su corta y fructífera carrera, Azpilicueta soltó el pincel, tomó la lapicera y se sumergió en la escritura de historias propias mezcladas con otras foráneas. Esta convivencia de narrativas entre lo propio y lo ajeno, aunque esencial, resulta esquiva a la hora de la experiencia estética, porque subyace en un plano más intelectual que vivencial. Quizás sea por esto que la sala se siente gris, como atrapada en un banco de niebla. Esta limitación, que dificulta a los ojos alcanzar el corazón oculto de las obras, funciona como una advertencia: con mirar no alcanza, es imprescindible la escucha férrea y la reflexión obstinada.

Cuerpos pájaros no es sólo la muestra, es además la instalación principal. Tres grandes pantallas ubicadas de forma asimétrica dan vida a un relato colectivo hecho de fragmentos de cuerpos femeninos alejados de los ideales de belleza: “Son cuerpos un poco raquíticos, pero no de seres humano. Son cuerpos pájaros y tienen las costillas salidas para afuera”, dice Azpilicueta. Los relatos en off, impresiones de esos otros mundos ajenos —observaciones sobre el cuerpo humano en el arte manierista y sobre “Judith decapitando a Holofernes” de Artemisia Gentileschi— se funden en las rodillas, las manos, las bocas, las poses y los gestos de un grupo de mujeres cuya heterogeneidad devela a su vez una identidad común.

A la voz también la acompaña el cuerpo. Algunas obras, nacidas de palabras e historias, enmudecen para transformarse en performance. Así es “Un mundo raro”, video en el cual la artista pone su cuerpo en escena y lo lleva a los límites de la descomposición. Azpilicueta se retuerce, gime, balbucea y se aplasta la cara en un intento acaso imposible de salirse de ella misma, de sacar la voz de adentro hacia afuera para borrar el límite infranqueable entre el adentro y el afuera, entre uno y el mundo. El estudio de las expresiones faciales del artista Charles Le Brun, los boleros de Chavela Vargas y las performances de Lygia Clark se extrapolan y mezclan con el discurso que nace del cuerpo.

Las obras no se quedan quietas: pasan de un texto a una voz, de una voz a un cuerpo, de un cuerpo a una tela. Estas metamorfosis se ven cristalizadas en las “Mnemónicas visuales”, telas colgantes que, como patchwork de imágenes, representan aquello leído en los mensajes de texto de su celular y lo oído en conversaciones antagónicas, como un relato de fútbol y una charla entre dos profesores de yoga. Pero antes de ser una tela, todo lo leído y escuchado fue una performance y ahora es, además, una caricatura animada proyectada en un pequeño monitor que reemplaza al cuerpo vivo.

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Entrar en la niebla que es Cuerpos pájaros, en el horror vacui de voces y sonidos expulsados como un exorcismo, presenta un doble desafío. Por un lado, exige desarmar los discursos para reconocer las intertextualidades que les dan sentido a las obras. Por otro lado, es necesario sacarse de encima ese cúmulo interminable de información, esa Biblioteca de Babel que se viene encima de uno. Porque claro está que las obras, una vez liberadas al mundo, siguen haciendo su camino, o más bien el que les quiera dar quien las contempla.

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